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Posts Tagged ‘Zaragoza’

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Primer domingo de agosto. Faltan apenas unos minutos para que den las doce del mediodía. Algunos ancianos, elegantemente vestidos, se dirigen pausadamente hacia la pequeña y recientemente restaurada iglesia, que hoy se abarrotará de fieles.
En la plaza del Ayuntamiento, los integrantes del Grupo de Dance “Santa Bárbara” charlan animadamente. Visten camisa blanca, faldón y calzon negro con adornos blancos y calcetines de este mismo color. Los mozos cubren la cabeza con el tradicional pañuelo. Y en la cintura, una faja roja, que se ayudan a colocar entre ellos.  En la mano la espada, muestra evidente del ancestral origen de los bailes que ejecuta el grupo.
Suenan las campanas. Es llegada la hora de ir a honrar a la patrona del pueblo, Santa Bárbara.
Los bailarines y el resto de la comitiva emprenden el camino en dirección a la iglesia.
Ya en la plaza parroquial, aguardan, con gesto reverencial el cuerpo de baile, la aparición de la Virgen. Por fin, portada en andas por cuatro costaleros vestidos con hábitos blancos, asoma la Santa.
A los pies de la imagen los emblemáticos roscones dulces, característicos de la localidad.
Comienza la procesión por las calles del pueblo. Primero los danzantes, después la Santa, el sacerdote, las autoridades y el pueblo llano.
Ya de regreso, comienza el oficio religioso.
Este que acabo de relatar, es uno de los festejos que se celebran en la localidad de Maleján durante sus fiestas mayores, en honor de Santa Bárbara.
Malejan, con una población de algo más de tres centenares de vecinos, forma parte de la Comarca del Campo de Borja, en la provincia de Zaragoza.
Aunque la Iglesia Católica celebra la festividad de la Santa en día 4 de diciembre, por motivos climatológicos, los vecinos de esta hermosa localidad decidieron trasladar sus fiestas patronales al primer fin de semana de agosto, sin que por ello hayan renunciado a honrar a su patrona también en la fecha que, por santoral, le corresponde.
Además del acto religioso al que me acabo de referir, conviene dejar constancia del antiquísimo baile del roscón, en el que los vecinos bailan cogidos de la mano al son de un cante centenario.
De especial significación, por su valor cultural, es el paloteao, un dance ancestral durante cuya ejecución se comentan en tono jocoso los hechos más significativos ocurridos en el pueblo durante el año anterior.
A título anecdótico señalaré que, según cuenta la tradición, Santa Bárbara, nacida en Nicomedia  en el siglo III, es considerada por la Iglesia Católica virgen y martir.
Convertida al cristianismo, su padre, Dióscoro, la sometió a terribles torturas (flagelación, quemaduras con hierros candentes, desgarros con rastrillos de hierro…) para finalmente decapitarla él mismo. Consumado su horrible crimen, Dióscoro pereció atravesado por un rayo. Por esta causa es considerada patrona de la Artillería, de los electricistas, de los mineros y de otras profesiones en las que se trabaja con explosivos.

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Salduba, Caesaragusta, Medina Albaida, Zaragoza, ciudad dos veces milenaria. Solar de iberos y romanos; suevos y visigodos; musulmanes, judíos y cristianos. Capital de un viejo Reino; pilar de la fe mariana; heroíca por dos veces y sin piedad arrasada por los cañones franceses; arrrasada nuevamente por la especulación inmobiliaria que, ay, en tiempos no muy lejanos,  se llevó por delante buena parte de nuestros paseos modernistas.
Hoy, por fin, Zaragoza se siente orgullosa de sí misma. Moderna, cosmopolita, engarzadas sus dos orillas con los viejos puentes de piedra y hierro y los modernos de hormigón y acero; con sus altas torres de cristal contemplando, sin contenido placer, sus catedrales y plazas; el viejo mercado, las calles Alfonso y don Jaime; el Coso alto y bajo; Conde Aranda, Plaza de los Sitios…
Me gusta Zaragoza, la antigua y la moderna; la de sus parques generosos; la pícara Zaragoza del Plata; la que huele a fritura de calamares y gambas; la de la niebla y el cierzo; la de ardientes veranos. Que le voy a hacer. Me encanta.

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Verano de 1937. En la localidad de Belchite, próxima a la ciudad de Zaragoza, se suceden duros combates que concluyen con un pueblo totalmente devastado. No diré qué bando fue el causante de la tragedia porque casi setenta y cinco años después de los hechos, la cuestión resulta irrelevante. Si se insiste en que culpabilice a alguien, no dudaré en señalar con el dedo a nacionalistas y republicanos.
Lo cierto es que, durante tres cuartos de siglo, Belchite ha sido testimonio vivo de la capacidad de destrucción del hombre.
Hoy, los muros de las casas ceden al paso de los años y a la desidia humana y sus ladrillos se esparcen y amontonan sobre las desiertas calles del viejo Belchite; el desaparecido reloj que da nombre a la torre anuncia, con sus inexistentes saetas, que el final está cerca; las torres de las iglesias de San Agustin y San Martín repican,  anunciando con sus mudas campanas que el pueblo se muere por segunda vez.
Y entre tanto, fuera de las silenciosas calles de esta villa fantasma, se oyen melodiosas voces de sirenas entonando lindos llamados a la recuperación de la memoria histórica.
Desgraciadamente, nuestra generación carece de un joven Orfeo que con su canto silencie tantas notas cargadas de mentira; para nuestra desdicha, no queda ningún intrépido Ulises que selle con cera nuestros oídos para aislarnos de tanta falsedad.
Acogiéndome a esa Memoria histórica tan repetidamente reivindicada en los últimos años por los poderes públicos, le recordaré al Gobierno de España, al Gobierno de Aragón y a la Corporación de Belchite que solo preservando nuestro patrimonio podremos conservar nuestra Memoria.

 

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