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Posts Tagged ‘Oriente’

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Vietnam. Un templo budista. En su interior varios niños con hábito de color azul claro y la cabeza totalmente rapada, a excepción de un mechón que nace en el centro de aquella y cae por su mejilla derecha hasta besar el cuello. En  otra estancia,  unos niños de cinco o seis años pintan apaciblemente. Todos son samaneras, término con el que se conoce a los novicios budistas.
El corazón se me encoge. Respeto, incluso admiro, a aquellos hombres o mujeres que deciden abandonarlo todo por mor a la vida contemplativa, pero me sobrecoge e irrita que los adultos decidan el futuro de unos niños que incluso desconocen el alcance del término “vocación”.
Todos esos muchachos de ojos vivarachos consiguen que el lugar rebose de vida. Su acelerado ir y venir de una a otra dependencia contrasta con el andar pausado y reflexivo de sus mayores.

En lo que es el comedor de los monjes, un grupo de adolescentes se afana en preparar las viandas de aquellos. Uno de ellos, lleva en la mano un cochecito de juguete. Descubro entonces que no todos visten hábitos de idéntico color; los hay que son marrón chocolate. Desconozco la razón de tal diferencia.Las puertas del refectorio están abiertas de par en par y los chavales entran y salen de la estancia con total libertad, pero la escena de un muchacho con la cabeza apoyada en las rejas de una ventana lateral del edificio me lleva a disparar mi cámara una y otra vez, tratando de reflejar con una imagen la desvalida situación de esos niños que permanecerán el resto de sus vidas prisioneros de una fe a la que llegaron por decisión de otros.
Los monjes visten de naranja y amarillo. Llegan al comedor y toman asiento junto a las mesas que previamente han preparado los niños. Estos permanecen de pie tras ellos. Todos entonan sus oraciones, ajenos a la mirada sorprendida por lo novedosa de los turistas que, como hipnotizados, tratamos de desvelar todos los secretos que se esconden tras el ritual.

 

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Estamos en la ciudad de Can Tho, la más populosa del Delta del Mekong, con una población ligeramente superior al millón de habitantes.

El Cuu Long, nombre con el que los orientales denominan al río que los occidentales llamamos Mekong, es uno de los más caudalosos del mundo. Viene a la vida en las nevadas cumbres del Himalaya y, tras atravesar China, Birmania, Laos, Tailandia y Vietnam, sus aguas acuden al encuentro de las del Mar de China, depositando en la desembocadura ingentes aluviones que conforman el Delta. El mercado flotante de Cai Rang está seis kilómetros río adentro. Muy temprano, antes del amanecer, centenares de campesinos van llegando con sus sampas cargados con las frutas y verduras que han recogido en la huerta el día anterior.

Los comerciantes les aguardan en sus barcazas. Sobre cubierta, colocada en vertical, una pértiga de madera de la que cuelgan diferentes productos agrícolas. Con ese sistema le informan al agricultor de que están abastecidos del género que muestran. Si el campesino lleva otro distinto se acerca y lo ofrece a un precio determinado. El regateo correspondiente y, llegado el caso, se cierra la operación. Así de sencillo. En menos de cuatro horas todo está vendido y las naves se dispersan a lo largo y ancho del río. Pero durante ese tiempo se desarrolla una actividad frenética. Mujeres lanzando al aire sus productos para que los coja el comprador; jóvenes y ancianos ordenando la mercancía sobre cubierta; hombres y mujeres que con sus sampas van de barco en barco ofreciendo sus productos; pequeños restaurantes flotantes en los que se preparan comidas que se compran y consumen mientras se está trabajando…

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