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Archive for the ‘Gentes’ Category

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Imágenes de las Fiestas del Pilar de Zaragoza, año 2010

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27 de agosto. Con la salida del Cipotegato desde la puerta del consistorio, comienzan las fiestas de San Atilano en una de las ciudades mas hermosas de España: Tarazona. La guerra de los tomates se inicia. El Cipotegato trata de abrirse camino entre la multitud concentrada en la plaza, zafándose de los rojos frutos que le lanzan. En apenas unos minutos el suelo se ha teñido de carmesí al igual que las otrora prendas blancas que visten los zagales del pueblo. Después, las gentes caminan al son de las charangas a la antigua plaza de toros, donde les aguarda el cañón de espuma que refrescará los sudorosos cuerpos.

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Ana es una chica emo, un estilo actual que bebe de las fuentes indie-punkies de los años 90 y del gótico.
Ropa oscura y ajustada, accesorios con adornos metálicos, piercings, corbata, peinado que cubre una zona del rostro, negándole al observador una parte de su personalidad… Los emo cuidan especialmente la parte sensitiva, emocional, ya que, en definitiva, el término deriva de la expresión anglosajona “emotional hardcore punk”. Uno de sus referentes culturales es el director de cine Tim Burton o el actor Johnny Depp. Les caracteriza su actitud pacifista.
Ana está matriculada en matemáticas. No le gusta el modelo de vida actual. Añora tiempos pasados, en los que se hacía una música creativa y anticomercial. Hoy todo se hace por dinero. Le gusta el hardocore, el IDM, el rock alternativo, el underground, el horror punk.
Victoria va para química. Se siente cibergoth-industrial. Forma parte de una subcultura que encuentra sus raices en el gótico y que se siente profundamente atraida por la ciencia ficción, la música electrónica y las nuevas tecnologías. A Victoria le encantan los ritmos industriales, el hardcore, el metal…y los colores azul y negro.
Son varias las subespecies que se integran en la cultura cyber: cybergoth, biocyber, informatic, terror, militar, industrial, punk, japancyber…
Conocí a Victoria hace unos meses en una biblioteca. Yo estaba tomando unas fotografías y ella preparando la selectividad. Me encantó su estética, así que le propuse quedar para una sesión fotográfica.
Se comprometió a llamarme una vez concluidos los exámenes. Y cumplió.
Ana y Victoria tienen dieciocho años. Y son bonitas por fuera y por dentro. Con la cabeza muy bien amueblada, desconfían de la clase política actual, que levanta todos sus discursos sobre el pedestal de la mentira. Desprecian el vigente modelo televisivo y se consideran solidarias. A Victoria le preocupa especialmente el medio ambiente.
En fin, todo un placer haberlas conocido.

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Primer domingo de agosto. Faltan apenas unos minutos para que den las doce del mediodía. Algunos ancianos, elegantemente vestidos, se dirigen pausadamente hacia la pequeña y recientemente restaurada iglesia, que hoy se abarrotará de fieles.
En la plaza del Ayuntamiento, los integrantes del Grupo de Dance “Santa Bárbara” charlan animadamente. Visten camisa blanca, faldón y calzon negro con adornos blancos y calcetines de este mismo color. Los mozos cubren la cabeza con el tradicional pañuelo. Y en la cintura, una faja roja, que se ayudan a colocar entre ellos.  En la mano la espada, muestra evidente del ancestral origen de los bailes que ejecuta el grupo.
Suenan las campanas. Es llegada la hora de ir a honrar a la patrona del pueblo, Santa Bárbara.
Los bailarines y el resto de la comitiva emprenden el camino en dirección a la iglesia.
Ya en la plaza parroquial, aguardan, con gesto reverencial el cuerpo de baile, la aparición de la Virgen. Por fin, portada en andas por cuatro costaleros vestidos con hábitos blancos, asoma la Santa.
A los pies de la imagen los emblemáticos roscones dulces, característicos de la localidad.
Comienza la procesión por las calles del pueblo. Primero los danzantes, después la Santa, el sacerdote, las autoridades y el pueblo llano.
Ya de regreso, comienza el oficio religioso.
Este que acabo de relatar, es uno de los festejos que se celebran en la localidad de Maleján durante sus fiestas mayores, en honor de Santa Bárbara.
Malejan, con una población de algo más de tres centenares de vecinos, forma parte de la Comarca del Campo de Borja, en la provincia de Zaragoza.
Aunque la Iglesia Católica celebra la festividad de la Santa en día 4 de diciembre, por motivos climatológicos, los vecinos de esta hermosa localidad decidieron trasladar sus fiestas patronales al primer fin de semana de agosto, sin que por ello hayan renunciado a honrar a su patrona también en la fecha que, por santoral, le corresponde.
Además del acto religioso al que me acabo de referir, conviene dejar constancia del antiquísimo baile del roscón, en el que los vecinos bailan cogidos de la mano al son de un cante centenario.
De especial significación, por su valor cultural, es el paloteao, un dance ancestral durante cuya ejecución se comentan en tono jocoso los hechos más significativos ocurridos en el pueblo durante el año anterior.
A título anecdótico señalaré que, según cuenta la tradición, Santa Bárbara, nacida en Nicomedia  en el siglo III, es considerada por la Iglesia Católica virgen y martir.
Convertida al cristianismo, su padre, Dióscoro, la sometió a terribles torturas (flagelación, quemaduras con hierros candentes, desgarros con rastrillos de hierro…) para finalmente decapitarla él mismo. Consumado su horrible crimen, Dióscoro pereció atravesado por un rayo. Por esta causa es considerada patrona de la Artillería, de los electricistas, de los mineros y de otras profesiones en las que se trabaja con explosivos.

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Sólo se que se llama Luis. Le vi hace unos días, sentado en un banco, con la maleta en la que guarda todo su patrimonio a su izquierda. Vive en la calle. A pesar de ello, erguido, con gesto solemne, soporta con dignidad estos tiempos difíciles que nos toca vivir. Me llamaron la atención sus uñas pintadas de color nazareno, sus brillantes y profundos ojos claros, su corbata, el bastón y el sombrero. Y el bolso. Me acerqué a él para alabar su personalísimo estilo y le propuse hacerle unas fotos. Accedió. Posó amablemente. Nos despedimos y él continuó en su banco, manteniendo la pose altiva, a la espera de un futuro mejor que probablemente nunca llegará para él.

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Vietnam. Un templo budista. En su interior varios niños con hábito de color azul claro y la cabeza totalmente rapada, a excepción de un mechón que nace en el centro de aquella y cae por su mejilla derecha hasta besar el cuello. En  otra estancia,  unos niños de cinco o seis años pintan apaciblemente. Todos son samaneras, término con el que se conoce a los novicios budistas.
El corazón se me encoge. Respeto, incluso admiro, a aquellos hombres o mujeres que deciden abandonarlo todo por mor a la vida contemplativa, pero me sobrecoge e irrita que los adultos decidan el futuro de unos niños que incluso desconocen el alcance del término “vocación”.
Todos esos muchachos de ojos vivarachos consiguen que el lugar rebose de vida. Su acelerado ir y venir de una a otra dependencia contrasta con el andar pausado y reflexivo de sus mayores.

En lo que es el comedor de los monjes, un grupo de adolescentes se afana en preparar las viandas de aquellos. Uno de ellos, lleva en la mano un cochecito de juguete. Descubro entonces que no todos visten hábitos de idéntico color; los hay que son marrón chocolate. Desconozco la razón de tal diferencia.Las puertas del refectorio están abiertas de par en par y los chavales entran y salen de la estancia con total libertad, pero la escena de un muchacho con la cabeza apoyada en las rejas de una ventana lateral del edificio me lleva a disparar mi cámara una y otra vez, tratando de reflejar con una imagen la desvalida situación de esos niños que permanecerán el resto de sus vidas prisioneros de una fe a la que llegaron por decisión de otros.
Los monjes visten de naranja y amarillo. Llegan al comedor y toman asiento junto a las mesas que previamente han preparado los niños. Estos permanecen de pie tras ellos. Todos entonan sus oraciones, ajenos a la mirada sorprendida por lo novedosa de los turistas que, como hipnotizados, tratamos de desvelar todos los secretos que se esconden tras el ritual.

 

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